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En la desazón de la frontera de la técnica

14 Encuentros de Arte Contemporaneo

14 Encuentros de Arte Contemporaneo

Cuando se ha decidido por determinar nuestra vida al mundo del arte, rara vez se tiene el conocimiento y la experiencia suficiente como para considerar sosega­da y suficientemente la transcendencia que esa disposición va a afectar en los lati­dos de nuestro corazón y en la paz de nuestra alma. No es suficiente el entusias­mo ni el impulso efervescente en lo recóndito de nuestras entrañas para que vali­demos sin más este método expresivo y esa que suponemos mejor manera de hacernos entender con los demás. Porque en ese mundo al que nos adentramos se dan cita muchas otras circunstancias ajenas al candor y a la inocencia que pri­mero y sólo presupusimos y que muy pronto habremos de descubrir.

 

Esto es lo primero que me vino a la cabeza el día que visité por vez primera una exposición de Alfonso Sánchez Luna, un compañero de docencia, aunque en otra materia didáctica, del que había oído encendidos elogios entre los alumnos y al que sin que nos uniera un estrecho y hondo conocimiento disfrutaba de mi más sincero respeto y admiración. El encuentro con aquella primera muestra nada hizo cambiar en mí la opinión que tenía de él.

 

Efectivamente, Alfonso Sánchez Luna se había granjeado el cariño de los alumnos porque en su obra entera allí colgada vivía manifiesto el talante de su naturaleza humana, su entrañabilidad personal y su aparente ingenuidad. Un pre­mio indudable para los tiempos que corren. A través de su obra él era él una y cuantas veces había colgado un trabajo firmado. Un camino expedito, a través de ese muestrario, para acceder al secreto de su ser y de su naturaleza y a la refe­rencia de su tiempo privado. Sus piezas desvelaban una tras otra, con la distancia infantil convocada en el curso de esa reunión, el sentir y la temperatura de su ánimo. Nada quedaba escondido porque el empeño y el método, la razón real de esas obras, coincidía en el ejercicio de su ejecución, en el esmero de la técnica empleada para configurarla. Ahí residía el argumento clarificador, la razón de su existencia, el compendio de la tesis inicial de este escrito. Por eso indudablemen­te su valor, el candor en esta retahíla de trabajos, y la nobleza y la sinceridad de sus contenidos formales, múltiples y variados escaparates de comparecencia ges­tual y de ritmos espontáneos, donde en ningún momento se quiso perder la vista a la voluntad férrea de una respuesta técnica impecable. Pero a pesar de todo, el mundo del arte no es una pareja amable y de concordia.

 

José Manuel Alvarez Enjuto
Altea, septiembre 2002